miércoles 4 de noviembre de 2009

OLVIDE SI ALGUNA VEZ TE AMÉ


No te conozco, no sé quién eres y –lo que es peor- no reconozco si alguna vez fuiste alguien importante para mí, no recuerdo si compartimos algo juntos, si aquella historia de pasión que nos envolvió vertiginosamente realmente existió o acaso solo creí que viví algo así con alguien parecido a ti.

Sé que amé a alguien, que perdí la razón y la cordura por ese amor, sé que le ofrecí todo lo que tenía y más de lo que podía dar a aquel hombre que se entregaba totalmente a mí, que me amaba sin prudencia, discreción, sin mesura, un hombre apasionado, deslumbrado totalmente por aquella relación que casi nos lleva a perder la razón.

Me pregunto dónde está todo aquello que tuve, lo que gocé, donde está esa mirada tierna, esa sonrisa encantadora, ese porte sensual, dónde están esas manos fuertes que muchas veces me arrastraron hacia un cuerpo ardiente, ese cuerpo tuyo que tanto disfruté, que estuvo tan junto al mío.

Trato de reconocer al hombre con el que me perdía en algunas noches oscuras para encontrarnos
en amaneceres junto al mar, dónde está aquel amante sosegado algunas veces y desesperado tantas otras, dónde está ese caballero ardiente que se desesperaba por tenerme, donde está aquel niño grande a quien muchas veces protegí, a quien acaricié durante horas interminables, a quien besé hasta el cansancio, dónde está aquel hombre, no lo sé.

Busco tu sonrisa, esa que me regalabas cada vez que me veías, busco el reflejo de esa sensualidad que me brindabas cada vez que me querías amar, busco esa porción de lujuria que esparcías cuando el deseo te ganaba, donde quedó el libido que te ahogaba cada vez que te acercabas, no veo nada de lo que alguna vez me diste, lo que tanto disfruté, dónde se perdió todo aquello que te hacía un amante atrevido, decidido solo a entregarse.

Dónde está lo que te hacía un individuo especial, lo que te hacía simplemente un hombre de verdad, ‘mi hombre’ ya no está, no lo encuentro en tí, todo aquello se perdió en algún episodio que te inundó de sentimientos oscuros, en alguna tiniebla se perdió todo lo bueno que tenías para dar, te miro y trato de reconocer algo de ti, no puedo hacerlo, no veo dónde volver a encontrarte, no hay un camino para hallarte.

Recuerdo que alguna vez tu sonrisa me cautivó, tu ternura me fascinó, tu atrevimiento me deslumbró, tu valentía me capturó, tu forma de amar me cegó, tu entrega me impresionó, tu amor me estremeció, recuerdo todo eso que hacía de ti un hombre a quien por mucho tiempo amé, ese hombre eras tú, pero ese hombre ya no eres tú.

Hoy te ví y comprobé lo que por tanto tiempo temí ver, me di cuenta que no eres feliz, qu
e al estar junto a ella te convertiste en un ser triste, apagado, perdido entre el bullicio y el dolor, vi a un hombre que finge amor cuando sus ojos reflejan temor, no eras tú, y a pesar que te ví no te reconocí.

Esta noche te encontré y no supe qué decir, no supe si eras tú o solo un absurdo remedo de lo que alguna vez fuiste junto a mí, tu sonrisa se perdió en el vacío de alguna noche, tu mirada reflejaba tristeza, envolvía un corazón atosigado de dolor, pretendías transmitir felicidad cuando todos notaron que solo es falsedad.

Muchos dijeron que no eras feliz, muchos lamentaron tu pesar, se preguntaron el porqué de tu dolor, quisieron hablarte, decirte que dejes aquello y retomes lo bueno mientras yo, en silencio, me repetía insistentemente que no saldrías de allí, que seguirás ahogándote en tu pena y desazón, que la cobardía había apagado aquel coraje que tantas veces noté en ti.

A pesar que sentí pena por ti sentí alivio por mí, recordé que te di tanto, que te ofrecí todo y que sin embargo tú lo dejaste ir; verte ahora desvalido y derrotado resarce a lo que alguna vez fue mi dolido y desgarrado corazón.

Pienso que talvez en la oscuridad de la noche te preguntas porque debes seguir, talvez solo pides fortaleza para continuar, talvez te preguntas que hubiera sido de ti si hubieras mostrado valor cuando debiste hacerlo, talvez lo haces, talvez no haces nada pues sabes que no hay nada por hacer, tal vez es así, eso solo tú lo sabes.

El verte hoy me dejó un sabor un tanto amargo, me pregunté cómo pude amar de tal manera si de aquel a quien tanto amé ya nada queda, talvez fuiste nada todo ese tiempo y todo aquello que nos unió fue solo una utópica ilusión, una quimera, un espejismo; talvez nunca te tuve, talvez nunca te gocé, talvez te deje ir, talvez nunca estuviste en mí.

Te amé mucho, te amé tanto, amé lo que fuiste, lo que eras cuando estabas junto a mí, y de aquello hoy ví que no queda nada, aquel hombre fuerte, aquel amante insaciable, aquel individuo valeroso, aquella persona feliz… de él no queda nada, nada de lo que fuiste alguna vez.

Solo te ví y me di cuenta que acabó lo que sentía, te conocí por segunda vez y supe que no sentiría nunca más lo que alguna vez sentí por ti, amé lo que eras y hoy ya no eras nada de lo que fuiste ayer; sentí pena, sentí rabia por haberte dado tanto pero supe que hoy no te daría nada si ya no queda nada de tí.


Hoy te veo y no te reconozco, no sé quien eres y ya no sé si alguna vez… yo te amé.

[olvide si alguna vez te ame]

viernes 23 de octubre de 2009

Y LLEGASTE TÚ



(DE VUELTA AL MUNDO BLOGGER… sorry por la demora!!!).


En los últimos tiempos solía especular sobre mis propios sentimientos, creía que era –casi- imposible volver a sentir algo especial por alguien más, pensaba que luego de agotar tanto amor, de desperdiciar tanta pasión en quien no la merecía, y de recibir nada a cambio de entregar todo, no habría quien valiera la pena para mí… equivocada estaba.

Cuando menos lo esperaba, cuando me tomaba el tiempo necesario para volver a creer en lo que alguna vez anhelé, cuando cavilaba sobre mis propios sentimientos y mis propias emociones, fue en ese instante en que de la nada apareciste tú.

Tu figura se trazó como si las nubes se disiparán delante mío para enseñarme aquello que por un tiempo veté de mi propio ser. Quise creer que no eras nada –o nadie- importante, solo alguien con quien platicar, reír, alguien –quizás- en quien poder confiar, pero al primer contacto de tus ojos con los míos presentí que algo ‘especial’ podía surgir de aquel impensado, inesperado y agitado encuentro.

No sé como llegamos a estar juntos en medio de tantas personas que aquella mañana nos rodeaban, en un lugar tan alejado de la ciudad en la que vivimos y en un momento nada propicio para iniciar una amistad tan distinta a las demás, no pensé en lo que sucedía, o talvez fue que evité darme cuenta de lo que vendría.

Me encantó que me hablarás, que te acercaras, que sin saber como yo reaccionaría te aventuraras y me trasladaras imaginariamente a un espacio solo para los dos, en el que –presentí- podrías resguardarme de lo que pudiera hacerme daño; todo aquello se reflejó en tus ojos, lo ví en tu rostro, lo acaricié en tus manos, sabía que podía encontrar verdad.

Me hiciste sentir vulnerable al conocerte pero me gustó aquella sensación, me sentí protegida a tu lado, aún siendo tan poco el tiempo que necesité para conocerte fue el justo necesario para entender que no había nada que temer, que encontrarte, aún bajo esas circunstancias, era justamente lo que yo necesitaba.

Aquella primera noche que salimos fue tan inusual, nada romántico ni privado como hubiéramos planeado, pero aún así te quedaste a mi lado tratando de que note tu presencia, y sabes que lo hiciste bien porque de pronto no nos importaba nada de lo que nos rodeaba, solo eras tú, solo era yo, sin nada que pudiera distraer nuestra atención.

En un momento te pedí que nos vayamos de allí, que dejemos aquel bullicio para ir a algún lugar donde pudiéramos conversar sin tener que gritar, te pedí que busquemos un espacio tranquilo que nos permita conocernos un poco más, y tomando mi mano me sacaste de aquel lugar.

No sé cuantas horas pasaron pero al darnos cuenta el amanecer ya se vislumbraba en el horizonte, ni siquiera sentimos el frío tan intenso que la noche trajo consigo, la lluvia de aquella madrugada había cesado y yo protegía mis manos cubriéndolas con las tuyas, te ví, una vez más pude verte en mí.

No quise pensar en lo que podía suceder, más sin darme cuenta te escabulliste en mis pensamientos y poco a poco te fuiste metiendo en mi corazón, quise negarlo, quise evitarlo, quise creer que una fútil ilusión proyectaba apoderarse de mis sentimientos, y quise escapar, dejar de lado aquello, más te diste cuenta e impediste que me fuera, tomaste mi mano y me invitaste a seguir un camino a tu lado.

Con cierta desconfianza acepté todo aquello tan desdibujado aún para mí, pero me arriesgué, no tenía nada que perder y quise hacerlo, quise apostar, aceptar que a pesar de ser poco el tiempo que estábamos juntos ya habían demasiadas cosas que nos unían, demasiadas coincidencias entre los dos, demasiadas diferencias entre ambos, demasiado por entregar, tanto por recibir, todo por compartir.

‘Intentémoslo’ dijiste y al mirarme tus ojos gritaron que solo había sinceridad, sabíamos que era una locura, que aunque era muy poco el tiempo desde aquella primera vez esto podía resultar, que seguir nuestros instintos era mejor que vetarnos de lo que sentíamos, que si la locura pudiera convertirse en amor era exactamente lo que pasaría entre los dos.

Y me acerqué a ti y te besé, y en ese beso puse todo de mí, me dejé llevar, te dejé seguir, me sentí feliz, después de tanto tiempo sentí latir mi corazón medio herido de tanto amor, y me abrazaste diciendo que sí, que no importaba nadie más, que ahora solo seríamos tú yo.

Así, acepté que ya no podía escapar de aquello nuevo para mí, aún hoy con algo de temor puedo decir que quiero seguir, que quiero tenerte más tarde igual que ayer, que mañana quiero volver a sentirte, que no quiero escapar a todo esto casi nuevo para mí.

Me gusta oírte, me gusta mirarte, me gusta tenerte junto a mí, me gusta que me llames, que vengas a buscarme, que te preocupes por mí, pasar horas y horas juntos sin mirar el reloj, sin pensar en lo que vendrá, todo ha cambiado para mí y también para tí.

No sé en qué nivel estamos, si hemos llegado a algún lado o si nos quedamos en el inicio de algo que nunca será, o talvez estamos preparando nuestra felicidad, no me cuestiono ni te cuestiono a ti, seguimos esta locura, esta cosa descabellada que –como ambos decimos- es nuestra relación, no necesitamos que nadie lo sepa, si se enteran lo sabrán, que nos importa si dicen bien o si dicen mal, es
toy a tu lado y tú estás junto a mí, no queremos más, no necesitamos más.

Lo que sucederá después nadie lo sabe, si funcionará o no, si al final habrá alguna despedida, si simplemente partirás o acaso seré yo quien diga adiós, no quiero pensar, solo intentar porque sé que podría funcionar, no hay un mañana, no hay proyección, por ahora no son necesarias y no sé si algún día lo serán.

Estoy bien, me siento tranquila, me siento en paz, sin nada que esconde
r ni nada que temer. Me emociono cuando te veo, cuando llegas a buscarme, cuando vamos de la mano por la calle, cuando me das un beso, cuando estás junto a mí, porque no hay nada más que pueda en estos momentos anhelar, hoy te tengo a ti… y así quiero seguir.

lunes 17 de agosto de 2009

LA 'OTRA'... LA QUE UNA VEZ FUI

Sabía que el momento llegaría, sabía que tarde o temprano nos tendríamos una frente a la otra quizás tratando de entender porqué ella y o acaso yo, fuimos en algún momento dueñas del mismo hombre. Fue ella, fui yo, ambas fuimos Alineación a la izquierdaesa mujer, su mujer y también la otra mujer, fuimos aquella que compartió a un hombre sin saberlo o sin tener la certeza que era cierto; en suma, éramos dos mujeres que tuvimos a un mismo hombre, en un mismo tiempo.

Nadie nos presentó, no hubo necesidad de hacerlo, estando en ese lugar y tras mirarnos por unos dos o tres segundos que parecieron interminables, nos reconocimos de manera inmediata, ambas supimos que estábamos frente a ‘aquella mujer’.

Y allí estaba yo, tratando de disimular la situación, y allí estaba ella tratando de entender lo que tuvo que callar, mientras yo esquivaba su inquisidora mirada intentando ignorar su presencia, ella ahora entendía la situación, confirmaba aquella –hasta ese momento- incierta infidelidad. No necesitó pruebas, el solo tenerme enfrente confirmó lo que por algún tiempo se rehusó a aceptar: aquella otra mujer que tomó sin reparos a su hombre, era yo, y estaba allí, junto a ella.

Volví a mirarla y sus ojos se clavaron en mí, traté de decirle algo, no se porqué, quise decirle que no fui la única culpable de su dolor, que no fui quien la engañó, que no fui quien lo buscó. Mirándola a los ojos traté de explicarle que quise evitar todo aquello, que luché contra mí misma y contra mis sentimientos, que quise escapar de lo que sentí pero sobretodo quise escapar de él, quise decirle que era así, que yo también sufrí.

La había imaginado mil veces, siempre adivinando como sería el conocerla y ahora la estaba viendo frente a mí, el saber que era ella la que llegó antes que yo, la que lo amó antes que yo, la que lo tuvo antes que yo, me causó un inquietud por más justificada en el corazón, y ella lo notó.

Quise creer, en la demente lógica que por un tiempo me inundó, que seguro era una mala mujer, que seguro no lo merecía, y me repetía insistentemente que el amor que una vez los unió había desaparecido con mi llegada, que lo de ellos solo era costumbre, que era solo un compromiso lo que los unía, que ahora estaba yo, que era yo a quien él debía amar.

Luego entendí lo equivocada que estaba, entendí que lo que supe de ella y de su relación no estaban ni cerca de lo que era exacto, entendí que me había dejado engañar vil y maliciosamente, que todo lo que él dijo con respecto a ella no era más que un inexistente argumento, que todo lo que dijo con respecto a sí mismo y con respecto a su relación no estaban ni cerca de la realidad, entendí que todo era falso, que todo él fue una mentira.

Nunca le pude dar un rostro a la imagen desdibujada de mi aparente rival, solo le di a él el tiempo que pidió para dejarla, para lograr su aparente y ansiada libertad, esa que necesitaba para venir a mí sin ataduras y vivir –finalmente- lo que llamaba ‘nuestro gran amor’.

H
asta que después de una larga espera acepté que nunca sucedería, que nunca la dejaría y que tan igual de engañada como era yo, también lo era ella, que las dos estuvimos por largo tiempo esperando algo de él, que las dos quisimos tenerlo, y que finalmente tanto ella como yo disfrutábamos a medias ese irreal y falso amor.

Pensé en cuanto ella lo amaba y en todo lo que esperaba de él, pensé en cómo estaba siendo engañada sin sospechar siquiera de que estaba compartiendo al hombre de su vida conmigo, que era yo quien robaba esas noches que le correspondían, que mientras le creía pensando en ella era yo quien poseía sus pensamientos y sus sueños, quien tenía su sabor en mi boca, quien sentía sus manos sobre mí, quien disfrutaba su cuerpo sobre el mío.

Me cuestioné muchas cosas, pensé en las veces que él se levantó del lecho que acabábamos de compartir e iba a su encuentro, seguro le diría un par de frases con pasión y sin remordimiento alguno también le haría el amor, como acababa de hacérmelo a mí, pensé en lo feliz que ella sería en ese momento, así como también lo había sido yo.

Cuantas veces desgasté mi cuerpo en él dejando mi olor y mi sabor sobre su piel, cuántas veces habría venido a mí tras haberla tocado a ella, cuantas veces la deseó pensando en mí, cuantas veces me tomó pensando en ella, sin remordimiento alguno, sin pena ni pudor, nos tenía a los dos y nosotras solo lo teníamos a él.

Y sin saber porqué creé mi propia revancha, después de dejarlo sentí que tenía que conoc
erla, tenía que mirarla a la cara y sin palabras decirle que al igual que ella yo también sufrí ese desengaño, que también fui burlada, que sin proponérmelo me convertí en aquella mujer, en la tercera de la historia, en la que muchos llaman simplemente ‘la otra’.

Quise que ella aceptara que yo también lo tuve, que lo gocé y disfruté tanto o más que ella misma, era necesario que ella supiera que aquel fiel y leal amor que él decía profesarle y que ella creía real no era más que una quimera, que aquel amor y respeto solo quedaron impregnados en una hoja de papel que, a esas alturas, carecía de todo valor.

Aquella sería mi revancha, me resarciría el saber que su careta cayó ante los ojos de ella, que aquella imagen de hombre bueno y fiel se derritiera como vela al contacto con el fuego, eso era suficiente para mí, con ello estaría enmendado todo el daño que sufrí, no necesitaba más.

Luego de aquel encuentro sin palabras me quedé aliviada, mi alma quedó en paz y mi corazón encontró tranquilidad, a pesar de que el tiempo y la vida aún me cobran la factura que significó amar a un hombre ajeno, porque aún ahora y después de tanto tiempo no termino de abonarle a la vida los intereses de aquel amor prohibido.

A
l final de aquel episodio solo me queda una lección por demás aprendida: en esta ‘aparente’ historia de amor solo hubo un ganador, y ese no fuimos ni ella... ni yo.





[la otra que una vez fui]




miércoles 29 de julio de 2009

¿QUIEN HABLO DE UNA RELACION?



Lo volvía ver luego de un tiempo y la verdad es que nunca, antes de aquella ocasión, me había fijado en él en un plano que no fuese más allá del estrictamente laboral, pero por esas cosas de la vida coincidimos a la hora de tomarnos un café y nos percatamos que nos conocíamos de tiempo atrás, y así iniciamos lo que luego sería una relación un tanto complicada, para él más no para mí.

Por esas cosas de la vida coincidimos en el transporte de regreso a la ciudad y la oportunidad no fue más que precisa para iniciar una conversa bastante agradable. Ya de vuelta se ofreció llevarme a casa y gustosa accedí, definitivamente este chico me caía muy bien y no queríamos dejar la charla a medias.

Los días siguientes estuvieron repletos de comunicaciones on-line, que si eran mensajes de texto a los móviles, que si chatéabamos un rato y, por supuesto, las incontables llamadas telefónica que iban de una lado y otro, no había día, desde que nos encontramos, que hayamos dejado de comunicarnos.

Por algunos inconvenientes de uno y otro lado, nuestras salidas a ‘tomar algo’ se fueron postergando sin querer, aunque ello no significó que la comunicación se hubiese roto, ya era casi una costumbre el conversar cada día en las mañanas, tardes y por supuesto en las noches, cosa que al parecer hacía que aquel tímido gusto inicial se vaya disipando con el transcurso de ese tiempo.

Hasta que la ansiada cita llegó sin mucho planificarla. Me recogió en mi casa y al vernos de inmediato corroboramos que había nacido algo entre nosotros, algo que iría más allá de una simple salida de amigos, lo cual no me molestaba en absoluto y al parecer a él tampoco.

Luego de media ‘res’ de peruanísimo pisco no existía ya un ápice de timidez entre ambos, el licor nos había desinhibido por completo y había dejado a la luz nuestras ansias por conocernos profundamente, y la verdad también nuestras ganas de tocarnos e ir más allá de una simple conversación.

Tragos van, tragos vienen y las caricias aparecen. Entre uno y otro pisco que se diluía de la botella nuestros deseos por sentirnos se hacían más que evidentes. En algún momento se acercó a mí y me besó. Yo, que a esas alturas sabía lo que podría suceder, le correspondí con la misma pretensión y deseo ahogado –en aquel momento- por las circunstancias.

Salimos del bar y nos encaminamos hacia su automóvil, en el camino cogió mi mano y me atrajo hacia él, pude sentir una emoción rara, distinta, algo que no sentía desde hacía algún tiempo, lo miré y le mandé un guiño de complicidad, era evidente que los dos queríamos que pase algo más.

Al llegar al auto se acercó y nos besamos sin mesura, me apoyé sobre el auto y él apoyo su cuerpo sobre el mío, no sé bien cuanto tiempo estuvimos allí pero entre beso y beso pude sentir sus ganas, y no solo por la cantidad y manera de besarme sino porque sentí la erección
de su miembro, lo cual hizo que quisiera tomarlo en ese momento y allí mismo, lo cual era un poco difícil de hacer.

Luego de ello dimos rienda suelta a aquello que teníamos contenido, no hubo necesidad de hablar, sabíamos lo que iba a suceder, queríamos que pase aquello, no sé si como producto del pisco que habíamos tomado o simplemente fue que a lo largo de los días de acercamiento se fueron anidando al unísono gusto, deseo y placer entre los dos.

Luego de una noche, digamos ‘desenfrenada’, en la que no dejamos una sola de las ganas sueltas, yo me sentí tranquila, relajada, reposada y satisfecha, no había sucedido nada que yo no hubiera querido y como tal había disfrutado al máximo aquello que quise tomar, lo disfruté y dejé que me disfrutaran sin remordimientos ni carga de conciencia alguno.

Para mí todo estaba bien, éramos un par de adultos que siguieron lo que sus instintos quisieron, no habían compromisos de por medio, nadie habló de nada más que no sea salir y ver qué podía suceder, no habían obligaciones por parte de ninguna de las partes y eso estaba más que claro, al menos para mí era así.

Equivocada estaba, al siguiente día, al hablar con mi ‘amigo’ noté que las cosas no eran las mismas, sentí que él estaba un tanto turbado, y lo que llamó mucho mi atención fue que no quiso hablar de lo sucedido la noche anterior, pensé que eran cosas mías y que aquel cambio de actitud y distanciamiento solo existían en mi mente.

Al cabo de unos días solo me cercioré que no estaba equivocada, mi amigo estaba por demás distante, además de evitar por todos los medios el vernos personalmente, salvo un par de almuerzos en día de semana, lo que no nos daba tiempo para hablar de cosas más serias, aunque él me saludaba y se despedía con un ósculo en la boca, lo cual me confundía enormemente.

Entonces no pude más y le dije que teníamos que vernos, sin aceptar ningún tipo de excusa como la falta de tiempo. Lo primero que hice fue preguntarle qué era lo que le sucedía, le pedí que me explicase aquella actitud que estaba teniendo conmigo, porque realmente me sentía enredada.

Noté su nerviosismo, no sabía qué decirme y eso me desesperaba aún más, necesitaba que me dijese algo, aunque fuese un pretexto tonto, lo que fuese, necesitaba saber qué había hecho de malo, o quizás que había hecho de bueno, pensé que mi comportamiento había estado demasiado bien la noche pasada y que quizás eso lo había asustado un poco.

Respiró profundamente y agachando la cabeza murmuró algo que al principio no entendí,
le pedí que hable más alto, me miró y repitió que era muy difícil decirme aquello; le dije que fuese lo que fuese yo podría sobrevivir, lo dije en son de broma pero él estaba demasiado serio como para esbozar una sonrisa.

Finalmente soltó aquello que lo estaba matando, me miro y dijo ‘no estoy listo para una relación’, pensé que había escuchado mal pero no, eso era lo que había dicho: que no estaba listo para una relación seria ni conmigo ni con nadie. Mientras trataba de explicar sus razones, aquellas por las cuales él no tendría una relación en este momento, yo trataba de recordar en qué momento habíamos hablado de una ‘relación’.

Definitivamente dentro de mis recuerdos no encontré ninguno que supusiera un compromiso entre los dos, yo aún no estaba lista para una relación de pareja y al parecer él tampoco, por ello –supuse- ninguno de los dos había tocado ese espinoso tema, a mí no me interesaba hacerlo en ese momento.

Una vez terminada su perorata le dije que estaba confundida, que no había habido ninguna
conversación entre los dos que significase el inicio de una 'relación', le expliqué que yo no estaba interesada en ello y que entendía que él tampoco, traté de explicarle que lo sucedido era producto de un gusto y nada más, que aquella noche desenfrenada había sido una acción realizada por un par de adultos que quisieron estar juntos, pasarla bien y que era solo eso, que no significaba ningún compromiso de por medio.

Al parecer no entendió lo que le dije pues continuó con sus argumentos y disculpas por las cuales no estaba listo para una relación, mientras yo le repetía que eso de 'relación' no estaba en mis planes en aquel momento (ni con él ni con nadie), me abrazó diciendo que podíamos salir como amigos pero que yo tenía que entender que él amaba su libertad y que quería mantenerla.

Finalmente salimos del restaurant con ese tufillo amargo que deja una conversación frustrada, una actitud obstinada y una relación sentimental inexistente. El camino de regreso lo hicimos en absoluto silencio, al llegar a mi casa él quiso decir algo pero no lo dejé, para mí habían sido demasiadas sandeces para una sola noche. Lo besé en la mejilla y solo dije ‘nos vemos’.

Estuvimos varios días incomunicados hasta que recibí un email de parte de él, decía que lamentaba mucho que hubieran habido malos entendidos entre nosotros pero que él estaría muy gustoso de continuar con nuestra amistad, luego de mucho pensarlo le respondí explicando –o al menos tratando de hacerlo- que los malos entendidos se los había creado él porque yo tenía muy claro que este no era el momento –para mí- de iniciar ninguna relación sentimental.

A raíz de ello retomamos nuestras comunicaciones aunque con mucho menos frecuencia que al inicio, lamenté haber perdido a un amigo con quien seguro hubiéramos podido pasarla bien durante más tiempo, sin que ello significase la firma de un papel de por medio. Me pregunto ¿quién habló de una relación???

Aprendí que no todos los hombres están listos o son lo suficientemente maduros para salir con alguien con quien existe un gusto en común, decidir pasarla bien y continuar con la amistad, muchos creen que una noche de placer los llevará directamente al altar, algo que las mujeres ya dejamos pasar hace mucho tiempo.






[quien hablo de una relacion]