
No podía creerlo, me sentía traicionada, vejada, ultrajada, miré a mi amiga y ví que movía las manos y los labios tratando de decirme algo, talvez de explicarme lo que había pasado, más yo no escuchaba nada, solo retumbaban en mis oídos las frases de amor que él solía repetirme, cerré los ojos por un momento y ví su rostro, ‘no, no es verdad’ me dije a mí misma, lo dije para mis adentros.
Luego de un prolongadísimo silencio, en el que sin pausa ni mesura bebí dos vasos de vodka tonic, una de las chicas preguntó cómo me sentía, ‘cómo crees’ le respondí de la manera más grosera y malcriada que pude hacerlo, luego le pediría disculpas por mi actitud, a pesar de todo tenía claro que ninguna de las presentes (salvo yo misma) tenían la culpa de lo sucedido.
Dejé que pasen unos minutos más mientras el silencio incomodísimo seguía acorralándonos, hasta que una de las presentes se levantó y rompió la mudez reinante, puso algo de música y preguntó si alguna de las presentes quería tomar algo más, ‘sí, sírveme otro trago, lo necesito’, mi voz fue la única que se oyó.
Al cabo del segundo sorbo, que me ayudó a recobrar los sentidos, dije casi por inercia: ‘Ok., ya estoy mejor, cuéntame nuevamente todo, y por favor no omitas ningún detalle, sé clara y directa’, mientras me volteé hacia ella y me acomodé en el sillón para escuchar mejor.
Me dijo que era difícil contarme lo sucedido pero que lo hacía porque somos amigas, q
ue había pensado mucho en lo que debía hacer. Primero pensó en no decirme nada pero luego desistió de callar, y por ello acudió a las demás chicas para que a modo de soporte emocional me ayuden a digerir la noticia, que habían organizado esa reunión precisamente por ese tema y que sin duda todas apoyarían la decisión que tome –fuera cual fuera- luego de saber lo sucedido.
Yo ya no podía hablar, miraba el anular de mi mano izquierda mientras esa pequeña piedra que significaba tanto relucía al contacto con la luz, quería quitármelo, tirarlo, romperlo, quería que se diluyera, que nada de lo que estaba sucediendo fuera verdad. Mis amigas estaban aturdidas, sentí que querían abrazarme, que todas querían decirme pero ninguna lo hacía, en ese momento la cobardía nos invadió a todas.
Estaba a tres meses de casarme y hasta un día antes habíamos estado finiquitando detalles de la ceremonia, habíamos elegido las flores, la iglesia, las invitaciones, los regalos, no podía cree lo que estaba pasando, no podía creer que él me estuviera engañando, no podía creerlo de él, no de él.
Comenzó el relato. Me contó que había sucedido hacía unos días, que ella estaba con su novio tomando unos tragos, estaban en un pub recientemente inaugurado, que el lugar era bonito y bastante acogedor, agregó -con algo de temor- (supongo que pensaría que podría reaccionar mal) que el sitio era bastante oscuro pero ‘preciso’ para parejas furtivas.
Se en
contraba en ese sitio cuando vio ingresar una pareja que le llamó la atención, dijo que le pareció ver a MI novio pero por lo oscuro del lugar no estaba segura que fuera él. Dijo que los siguió con la mirada mientras ellos se acomodaron en una de las mesas más escondidas, al final del salón.
Dijo que se besaban desesperadamente y que cada momento que pasaba ella –mi amiga- estaba más segura de que ese hombre era MI novio y que esa mujer, definitivamente no era yo. Con el pretexto de ir al servicio higiénico pasó al lado de ellos y pudo comprobar que efectivamente aquel tipo que besaba a su pareja de manera apasionada era quien ella creyó.
Cuando por fin pidieron la cuenta, mi amiga y su novio hicieron lo mismo. Le rogó a su novio seguirlos en el auto y a regañadientes accedió. Dijo que entraron a un hotel mientras mi amiga y su novio les siguieron los pasos, el novio de ella con el fin de tener sexo y mi amiga con el fin de espiar a MI novio, y no paró hasta que los vio ingresar juntos a una habitación.
Al siguiente día mi amiga llamó a mi novio, le pidió verse, le mintió diciendo que tenía qu
e hablar algo referente a nuestra próxima boda, él accedió. Mi amiga dice que estaba molesta, que sentía rabia, que no iba a dejar que él me siga engañando pero trató de aparentar tranquilidad, quería saber –primero- que tanto engaño había de por medio.
Le dijo que lo había visto en el pub y luego ingresar al hotel, que no podía creer lo que él me estaba haciendo, le preguntó porqué lo hacía. Lo primero que él hizo fue preguntar si yo sabía algo, si ya me lo había contado, ella le dijo que no, que primero quería saber su verdad y que luego tomaría una decisión.
Él le confesó, previa promesa de parte de ella de no decirme nada, que esa mujer efectivamente era su amante, que vivían un romance –sin importancia- desde hacia casi un año, que él me amaba y que con ella solo ‘la pasaba bien’, que iba a acabar ese furtivo romance antes de la boda. Juró que lo haría, que sería el esposo más fiel y leal que cualquier mujer pudiera tener.
Mi amiga le increpó lo que estaba haciendo, le dijo que no podía callar, que no podía permitir que yo continúe siendo engañada; al mismo tiempo él rogaba que yo no supiera nada. Finalmente, mi amiga le dijo que no sabía lo que haría, que me quería demasiado para hacerme daño contándome la verdad pero que también se sentiría bastante mal sabiendo que MI novio me estaba engañando desde hacía tanto tiempo y ella sin decirme nada.
Despué
s de esa conversación reunió a mis demás amigas y les contó lo sucedido, luego de mucho discutir coincidieron en que lo mejor era que yo sepa la verdad, que sea yo quien tome una decisión, y precisamente eso era lo que estaban haciendo, me estaban diciendo que mi novio de tres años, el que sería mi esposo en tres meses, me venía engañando de la manera más baja y vil.
Luego de tomar, hablar y llorar, terminé –además de media ebria- mucho más tranquila con lo sucedido. Ellas consolándome y yo preguntándome si aquel era el momento ideal para casarme, y él, el hombre con quien debería hacerlo. Talvez lo sucedido era lo mejor, aunque me cuestionaba el no haberme dado de lo que había estado pasando durante tanto tiempo.
Al día siguiente lo llamé, supo de inmediato cual sería el tema de nuestra conversación. Cuando nos vimos solo dije ‘lo sé todo’ e inmediatamente trató de abrazarme, se deshacía en justificaciones absurdas, me pedía perdón, para mi suerte él estaba al borde del llanto y yo me sentía aliviada.
Luego de los gritos, el llanto y los reproches me contó su verdad, dijo que había sido tentado y que absurdamente continuó con todo, que estaba arrepentido y me juro y rejuró que ya había
terminado con ella, que nunca más la vería, que era yo la mujer de su vida, me rogó que no lo deje.
Yo no le creí, si fue infiel una vez lo sería siempre, me dije a mí misma y luego se lo grité a él. Si no pensó lo que hacía no lo iba a pensar nunca más, si no le costó nada engañarme por tamnto tiempo no le costaría nada volver a hacerlo. Después de saber lo que estaba pasando, y de procesar la noticia, estaba decidida a terminar el compromiso, a decirle adiós.
Lo escuché pacientemente pero mi decisión estaba tomada. Lo miré con los ojos aún llorosos, le dije que sentía mucho lo que estaba sucediendo, que lo había amado mucho pero que lamentablemente él se había encargado, de un solo golpe, de matar ese gran amor.
Me quité el anillo y lo puse entre sus manos, le dije que talvez era lo mejor, y me fui, mientras él trataba de retenerme, mientras pedía que lo escuche unos minutos más.
Me alejé y lo dejé solo, acabado, desolado… ya no había nada más que hablar, que hacer ni que decir, ya la relación estaba mancillada, ya estaba acabada, ya no me iba a casar, al menos no en ese momento ni con ‘ese’ novio… afortunadamente.
Luego de un prolongadísimo silencio, en el que sin pausa ni mesura bebí dos vasos de vodka tonic, una de las chicas preguntó cómo me sentía, ‘cómo crees’ le respondí de la manera más grosera y malcriada que pude hacerlo, luego le pediría disculpas por mi actitud, a pesar de todo tenía claro que ninguna de las presentes (salvo yo misma) tenían la culpa de lo sucedido.
Dejé que pasen unos minutos más mientras el silencio incomodísimo seguía acorralándonos, hasta que una de las presentes se levantó y rompió la mudez reinante, puso algo de música y preguntó si alguna de las presentes quería tomar algo más, ‘sí, sírveme otro trago, lo necesito’, mi voz fue la única que se oyó.
Al cabo del segundo sorbo, que me ayudó a recobrar los sentidos, dije casi por inercia: ‘Ok., ya estoy mejor, cuéntame nuevamente todo, y por favor no omitas ningún detalle, sé clara y directa’, mientras me volteé hacia ella y me acomodé en el sillón para escuchar mejor.
Me dijo que era difícil contarme lo sucedido pero que lo hacía porque somos amigas, q
ue había pensado mucho en lo que debía hacer. Primero pensó en no decirme nada pero luego desistió de callar, y por ello acudió a las demás chicas para que a modo de soporte emocional me ayuden a digerir la noticia, que habían organizado esa reunión precisamente por ese tema y que sin duda todas apoyarían la decisión que tome –fuera cual fuera- luego de saber lo sucedido.Yo ya no podía hablar, miraba el anular de mi mano izquierda mientras esa pequeña piedra que significaba tanto relucía al contacto con la luz, quería quitármelo, tirarlo, romperlo, quería que se diluyera, que nada de lo que estaba sucediendo fuera verdad. Mis amigas estaban aturdidas, sentí que querían abrazarme, que todas querían decirme pero ninguna lo hacía, en ese momento la cobardía nos invadió a todas.
Estaba a tres meses de casarme y hasta un día antes habíamos estado finiquitando detalles de la ceremonia, habíamos elegido las flores, la iglesia, las invitaciones, los regalos, no podía cree lo que estaba pasando, no podía creer que él me estuviera engañando, no podía creerlo de él, no de él.
Comenzó el relato. Me contó que había sucedido hacía unos días, que ella estaba con su novio tomando unos tragos, estaban en un pub recientemente inaugurado, que el lugar era bonito y bastante acogedor, agregó -con algo de temor- (supongo que pensaría que podría reaccionar mal) que el sitio era bastante oscuro pero ‘preciso’ para parejas furtivas.
Se en
contraba en ese sitio cuando vio ingresar una pareja que le llamó la atención, dijo que le pareció ver a MI novio pero por lo oscuro del lugar no estaba segura que fuera él. Dijo que los siguió con la mirada mientras ellos se acomodaron en una de las mesas más escondidas, al final del salón.Dijo que se besaban desesperadamente y que cada momento que pasaba ella –mi amiga- estaba más segura de que ese hombre era MI novio y que esa mujer, definitivamente no era yo. Con el pretexto de ir al servicio higiénico pasó al lado de ellos y pudo comprobar que efectivamente aquel tipo que besaba a su pareja de manera apasionada era quien ella creyó.
Cuando por fin pidieron la cuenta, mi amiga y su novio hicieron lo mismo. Le rogó a su novio seguirlos en el auto y a regañadientes accedió. Dijo que entraron a un hotel mientras mi amiga y su novio les siguieron los pasos, el novio de ella con el fin de tener sexo y mi amiga con el fin de espiar a MI novio, y no paró hasta que los vio ingresar juntos a una habitación.
Al siguiente día mi amiga llamó a mi novio, le pidió verse, le mintió diciendo que tenía qu
e hablar algo referente a nuestra próxima boda, él accedió. Mi amiga dice que estaba molesta, que sentía rabia, que no iba a dejar que él me siga engañando pero trató de aparentar tranquilidad, quería saber –primero- que tanto engaño había de por medio.Le dijo que lo había visto en el pub y luego ingresar al hotel, que no podía creer lo que él me estaba haciendo, le preguntó porqué lo hacía. Lo primero que él hizo fue preguntar si yo sabía algo, si ya me lo había contado, ella le dijo que no, que primero quería saber su verdad y que luego tomaría una decisión.
Él le confesó, previa promesa de parte de ella de no decirme nada, que esa mujer efectivamente era su amante, que vivían un romance –sin importancia- desde hacia casi un año, que él me amaba y que con ella solo ‘la pasaba bien’, que iba a acabar ese furtivo romance antes de la boda. Juró que lo haría, que sería el esposo más fiel y leal que cualquier mujer pudiera tener.
Mi amiga le increpó lo que estaba haciendo, le dijo que no podía callar, que no podía permitir que yo continúe siendo engañada; al mismo tiempo él rogaba que yo no supiera nada. Finalmente, mi amiga le dijo que no sabía lo que haría, que me quería demasiado para hacerme daño contándome la verdad pero que también se sentiría bastante mal sabiendo que MI novio me estaba engañando desde hacía tanto tiempo y ella sin decirme nada.
Despué
s de esa conversación reunió a mis demás amigas y les contó lo sucedido, luego de mucho discutir coincidieron en que lo mejor era que yo sepa la verdad, que sea yo quien tome una decisión, y precisamente eso era lo que estaban haciendo, me estaban diciendo que mi novio de tres años, el que sería mi esposo en tres meses, me venía engañando de la manera más baja y vil.Luego de tomar, hablar y llorar, terminé –además de media ebria- mucho más tranquila con lo sucedido. Ellas consolándome y yo preguntándome si aquel era el momento ideal para casarme, y él, el hombre con quien debería hacerlo. Talvez lo sucedido era lo mejor, aunque me cuestionaba el no haberme dado de lo que había estado pasando durante tanto tiempo.
Al día siguiente lo llamé, supo de inmediato cual sería el tema de nuestra conversación. Cuando nos vimos solo dije ‘lo sé todo’ e inmediatamente trató de abrazarme, se deshacía en justificaciones absurdas, me pedía perdón, para mi suerte él estaba al borde del llanto y yo me sentía aliviada.
Luego de los gritos, el llanto y los reproches me contó su verdad, dijo que había sido tentado y que absurdamente continuó con todo, que estaba arrepentido y me juro y rejuró que ya había
terminado con ella, que nunca más la vería, que era yo la mujer de su vida, me rogó que no lo deje.Yo no le creí, si fue infiel una vez lo sería siempre, me dije a mí misma y luego se lo grité a él. Si no pensó lo que hacía no lo iba a pensar nunca más, si no le costó nada engañarme por tamnto tiempo no le costaría nada volver a hacerlo. Después de saber lo que estaba pasando, y de procesar la noticia, estaba decidida a terminar el compromiso, a decirle adiós.
Lo escuché pacientemente pero mi decisión estaba tomada. Lo miré con los ojos aún llorosos, le dije que sentía mucho lo que estaba sucediendo, que lo había amado mucho pero que lamentablemente él se había encargado, de un solo golpe, de matar ese gran amor.
Me quité el anillo y lo puse entre sus manos, le dije que talvez era lo mejor, y me fui, mientras él trataba de retenerme, mientras pedía que lo escuche unos minutos más.
Me alejé y lo dejé solo, acabado, desolado… ya no había nada más que hablar, que hacer ni que decir, ya la relación estaba mancillada, ya estaba acabada, ya no me iba a casar, al menos no en ese momento ni con ‘ese’ novio… afortunadamente.
Hoy, mirando atrás y completamente tranquila con respecto a lo pasado, puedo afirmar que terminar con ese noviazgo fue la mejor decisión que pude tomar, no lo dudo.





























